En un hospital, el aire acondicionado hace mucho más que dar confort. Controla infecciones, mantiene presiones que protegen las áreas críticas, regula la humedad para el bienestar del paciente y filtra el aire que entra a un quirófano mientras alguien está siendo operado. Es, literalmente, parte del entorno de seguridad clínica.
Los quirófanos son el ejemplo extremo. Requieren un número alto de cambios de aire por hora, filtración de alta eficiencia, presión positiva para que el aire salga —y no entre— durante una cirugía, y control estricto de temperatura y humedad. Todo bajo estándares como los de ASHRAE y los lineamientos del IMSS. Un grado de más o una presión mal ajustada deja de ser un detalle técnico para convertirse en un riesgo.
Clío ha desarrollado proyectos en múltiples instituciones de salud del país. En Morelia instalamos unidades manejadoras de aire y una planta de agua helada de 1,500 toneladas con clasificación de áreas para quirófanos. En el Hospital de la Mujer de Tepic proyectamos 245 toneladas en unidad paquete, 270 en manejadoras para quirófano y 70 de sistema VRV, además de extracción y ventilación de áreas críticas. También hemos trabajado para el Instituto de Cancerología de Jalisco y centros médicos en Tampico y Lagos de Moreno, siempre bajo estándares ASHRAE e IMSS.
La lección para cualquier proyecto hospitalario es clara: el HVAC no se diseña al final, como un servicio más. Se diseña junto con la arquitectura clínica, porque las presiones, los flujos y las clasificaciones de área definen dónde puede ir cada cosa.